Historia

Sada ha sido, a lo largo de la historia, un territorio densamente poblado gracias a sus condiciones geográficas y climatológicas.  Los primeros indicios ciertos de asentamientos están asociados a la cultura Castreña. Varios de los 9 castros, datados entre el siglo I a.c. y el III d.c., destacan por sus magnitudes o singularidad, como los Castros de Meirás, San Mamede o Agra das Arcas. A estos yacimientos habría que añadir  vestigios arqueológicos que indican una intensa ocupación romana, como el ara votiva dedicada a la deidad indígena Coso Udaviniago, descubierto en Meirás, o el relieve encajado en la muralla del cementerio de Soñeiro que representa un individuo togado.

De la época medieval existen pocas referencias, y apenas una única huella arquitectónica: la capilla del Espíritu Santo, que conserva elementos góticos. En este tiempo, la villa fue incendiada por los visigodos dentro del proceso de anexión del reino suevo de Gallaecia. Fue también devastada por los vikingos en varias de sus incursiones, por Almanzor a finales del s. X y, ya en el año 1379, por el duque de Lancaster que se apoderó de la villa como lugar estratégico.

También experimentará el influjo de las peregrinaciones jacobeas. Según Francisco Vales Villamarín, una ruta  partía del puerto de Fontán, donde desembarcaban peregrinos procedentes de Inglaterra e Irlanda, avanzando hasta Betanzos para entroncar con el Camino Inglés.

Los s. XVII y XVIII suponen el despegue económico, con el florecimiento de dos importantes industrias: la textil y la de salazón de pescado. En 1674 los flamencos Baltasar de Roo y Adrián Kiel creaban una fábrica de jarcias y lonas que suministraría de telas y cordeles a la Real Armada. Con el objetivo de garantizar su seguridad se construirían las baterías defensivas de Fontán y Corbeiroa, que conforman el escudo de Sada. La Corona se haría cargo de la fábrica, ya como Real Fábrica de Jarcia y Lona, trasladándola a Ferrol en el año 1762.

Luego del cese de la producción textil, se inicia el desarrollo de la industria de la salazón de pescado, en los núcleos de Sada y, sobre todo, Fontán. Una industria que constituirá, con el propio sector pesquero, una de las principales actividades económicas del municipio hasta el s. XX.

El nacimiento del Estado Liberal en las primeras décadas del s. XIX supondrá la creación de Sada como ayuntamiento, agrupando a sus 8 actuales parroquias. 

En el s. XX tras la construcción de la línea de tranvía que unía Sada con la capital herculina, la villa se consolida como el principal lugar de recreo y veraneo de familias coruñesas. Las ofertas de ocio aumentarán, con la creación de salones de baile, cines, restaurantes…, pero persistirán las desigualdades que propician la emigración principalmente a los Estados Unidos. Serán estos emigrantes sadenses quienes financien la construcción de las escuelas de Sada y sus Contornos, inauguradas en 1927.

También en estas primeras décadas del siglo surgen movimientos sociales que reclaman mayor justicia social: sociedades agrarias y marineras, sindicatos, partidos políticos o asociaciones culturales que procuran acercar el conocimiento a las clases trabajadoras. La sublevación militar de julio de 1936 pondrá fin la ese proceso expansivo, con la desarticulación del entramado societario y el ejercicio de una represión sin precedentes. La economía se resentirá y se producirá un descenso demográfico importante. Por otra parte, y mediante un proceso de expolio y coacciones, la que había sido residencia de Emilia Pardo Bazán, las torres de Meirás, será adquirida en el 1938 por el general Franco, que se trasladará a ella cada verano.

En el año 1949 el pintor y ceramista Isaac Díaz Pardo crea la fábrica de Cerámicas de O Castro, con una producción que destaca a nivel internacional por su calidad y originalidad. En los años 70, asociados a las Cerámicas, nacerán el edificio del Castro y el Museo de Arte Contemporáneo Carlos Maside.